fútbol

Archived Posts from this Category

Festejar que?

Posted by Martin on 08 Jun 2008 | Tagged as: fútbol

компютри втора употреба

Vacuna

Posted by Martin on 05 May 2008 | Tagged as: FX, fútbol, humor

boca vacuno a los pollitos

El festival de San Sebastián

Posted by Martin on 04 May 2008 | Tagged as: fútbol

Hoy era el festival de San Sebastián, y los mediocampistas de river tuvieron platea preferencial.

BOCA 1 (gol de San Seba Battaglia) - RIVER 0 (pero lo que se dice Cero, así, C-E-R-O) .

san sebastian battaglia

Dany: la “mirada de ganadores” pueden usarla para la remake de Zoolander… porque para ganarle a Boca nunca les sirve de mucho.

zoolander

Juan Libertador

Posted by Martin on 23 Abr 2008 | Tagged as: fútbol

Boquita, como siempre, capo de la Libertadores.

¿Estás asustado plumífero?

El Palacio de los huevos

Posted by Martin on 28 Mar 2008 | Tagged as: fútbol, videos ajenos

Lo de este muchacho ya roza lo épico.

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180 sonrisas

Posted by Martin on 03 Mar 2008 | Tagged as: fútbol

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Esa vez que le hizo el gol a Independiente desde atrás de mitad de cancha, pensé en tenía el título: “Palermo Hollywood”, porque su carrera parecía una película de esas que emocionan y terminan bien al estilo Rocky, ganando la pelea y todos llorando mirando la pantalla. Palermo es un campeón, un ganador, un tipo que tal vez no te haga 20 jueguitos pero te acuesta apenas te descuides. Entra a la cancha sabiendo que al menos una vez, va a mojar. Es un optimista genético. Busca y busca y, se sabe, el que busca encuentra. Agarra lo que otros dejan. Corre cuando nadie corre. Ve lo que nadie. Pero lo que lo hace aún más ídolo, es que no es un dotado. No es un Maradona, un Ortega ni un Messi, esos tipos que ya desde la altura y la gambeta se diferencian del resto. No. Palermo es un lungo aparatoso medio encorvado cuyos movimientos toscos parecen recién salidos de un centro de rehabilitación corporal. Pero tiene una voluntad para el gol que impresiona hasta a los muertos. Contagia ganas y esperanzas, porque el tipo parece decirte: no hay imposibles, si yo puedo, vos podés. Y eso, en los tiempos mediocres que transitamos, ya es más que suficiente.

A los pocos días de aquel gol -pasa a veces- sabía que alguien iba a usar el título si no me apuraba. Y ese fue el amigo Guille, así que no me importó. Sólo me reía por mi pereza. Entonces entendí que en realidad hay muchos que ven lo mismo en Palermo y se identifican. Y me parece que es falso eso que muchos preguntan “¿cómo es que alguien cuestiona a Palermo?”. No, casi nadie lo cuestiona ya. Esa pregunta responde más a un imaginario colectivo que a la realidad. Porque el que cuestiona futbolisticamente a Palermo está viendo otro canal. ¿Qué se le puede cuestionar? Quien en un pan y queso no elije a Palermo, debería dedicarse al ajedrez. Esos tipos tienen la peor soberbia: la de la imposibilidad de retractarse. Morirán en su propia necedad. Perderán el partido. Allá ellos. Yo prefiero disfrutar cada vez que Martín aparece con la de Boca, a las zancadas desgarbadas para meterla adentro. Quiero verlo para siempre, allá arriba saltando para cabecear como nadie. Quiero verlo reir cada vez que hace lo que más sabe, festejar como un loco. Quedate acá Martín, en Boca. Haciendo de las tuyas. Siendo cada vez más ídolo. Demostrando que siempre, siempre, se puede un poquito más.

Gracias Loco. De corazón.

Chau, chau, chauuuuu

Posted by Martin on 15 Nov 2007 | Tagged as: fútbol, joditas

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¿Qué es poesía?

Posted by Martin on 15 Oct 2007 | Tagged as: fútbol

¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.
De un poema Gustavo Adolfo Bécquer

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Doña, feliz día

Posted by Martin on 09 Jul 2007 | Tagged as: fútbol

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Fue el día de la madre… de Román. Señora, quién podría atreverse, por estas horas, a hacerla sufrir. Quién podría decirle, señora, que su hijo no dignifica la camiseta de Diego. Señora, quién podría cuestionarlo y resistirse a romperse las manos, de pie, para aplaudir lo que es capaz de hacer su hijo con ese guante derecho. Quién puede no conmoverse, como seguramente usted se habrá
conmovido, señora, ante semejante demostración… Algunos, o muchos, tal vez esperen la última foto, la de Román levantando la Copa, para terminar de convencerse. Allá ellos. Su hijo, señora, es hoy el mejor jugador argentino. Y eso bien vale unas lágrimas, pero de alegría…

El calor y el color de Venezuela podrán guardarse para siempre la mejor versión de todos los tiempos de Riquelme. Lo que hizo contra Perú, en el mojado pasto de Barquisimeto, en el primer partido a todo o nada de esta Copa, fue tremendo. Lo suyo desafía el poder de descripción de cualquier mortal. Destruye los adjetivos, ninguno alcanza para dimensionarlo. Ratificó, con la camiseta y el número más importantes, todo lo que lo había llevado a lo más alto de América. Este Riquelme, sin dudas, es mejor que el del Mundial. Es más completo, más solidario, más determinante. Y eso que en Alemania, cuando muchos le pedían más de lo que podía dar entonces, cumplió. Hoy sería inimaginable una Selección sin él.

Si siempre piensa un segundo antes, esta vez rompió todos los registros. Porque después de un primer tiempo tibio, en el que se lució más como recuperador que como organizador (robó cinco pelotas), se fue al vestuario abrazado a Roberto Ayala, el capitán. Al oído, le decía algo. Cuando volvieron al campo, después de las palabras de Basile, se le acercó a Mascherano y también le susurró algo al oído. Lo lógico, lo normal, es que les haya dado una de las tantas indicaciones que les hizo durante todo el partido. Pero viniendo de Román, nada es normal. Quién puede negar que nos lo haya tranquilizado y les haya avisado que él iba a empezar a resolver la historia. Porque enseguida, cuando la pelota apenas se había humedecido con el césped, Román la clavaba de zurda, abajo, donde más duele. Y ahí, en el festejo, en lugar un unipersonal, se abrazó con todos, suplentes y titulares, en una de esas postales que trascienden el tiempo.

Con la seguridad del 1-0, hizo jugar a todos. Si Verón necesitaba ganar confianza por su imprecisa noche, lo invitaba. Si Tevez quería demostrarle al mundo que tiene que ser titular mientras Crespo busca el milagro de la sanación, se la daba. Si Cambiasso tenía su mejor noche venezolana, con él tocaba. Si Mascherano subía aun más el listón del asombro, con él descargaba. Y si Messi encaraba y encaraba pero no metía su primer gol, lo asistía con un movimiento y una visión de una mente superior. Messi la empujó, con clase. Riquelme, antes, lo soñó.

Esa solidaridad no sólo se advierte con la pelota. Sin ella, corre, se desmarca, se ofrece, ocupa espacios, habla, alienta. Le pide a Cambiasso que vaya, que meta la diagonal y lo cubre. Y le dice a Aimar, que entró con la energía de un nene de departamento, que vaya y juegue a ser el enganche mientras él hace de Cuchu. Más allá o más acá, de todos modos, el conductor será siempre uno solo.

La ilusión, alguna similitud, esa zurda divina, las ganas por volver el tiempo atrás, llevan a Messi por el camino de Diego. Román, desde otro lugar, y sin querer queriendo, camina entre duendes que erizan la piel como sólo uno lo hizo.

Por eso, señora, feliz día. Y gracias.

El pibe del pool

Posted by Martin on 06 Jul 2007 | Tagged as: fútbol, historias, videos ajenos

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En la calle San Luis, cruzando la ruta, a la salida del Taller o en alguna rateada espontánea, quedaba el Green. Era un antro con mesas de pool donde la mitad de la Enet Nº 1, tres pungas, un dealer a la tardecita y algunos trabas, se juntaban a pasar el rato de lunes a domingo.

La ‘rockola’, algo ecléctica y siempre a todo volúmen, abarcaba desde Hermética a Gilda, pasando por Isabel Pantoja. Como nadie le ponia moneditas era el modo aleatorio el que mezclaba, sistemática y vilmente, con el único propósito de que alguien le prestara atención o le lanzara un botellazo.

El que atendia, me acuerdo, era igualito a Jimbo, el personaje de Los Simpsons. Es más, estoy seguro que alguno de los dos imitaba al otro. O viceversa.

Yo no compraba por austero y no bebía por púber, pero mis repitentes y conocedores amigos afirmaban que la cerveza, salvo que se la comprara en plena madrugada de invierno y se la dejara un ratito junto a la escarcha de la vereda, estaba siempre caliente. Casi tanto como el travesti narigón con el Pibe del Pool, decían.

El bar Green era uno más de los comercios dependientes de la manada de adolescentes de overoll y tableros de dibujo que en tres turnos escapaban de la técnica “más grande de la patagonia”, igualito que el kioskito de la placita, andrecito y los empleados de seguridad de la Casa Tia. Esto quiere decir, por supuesto, que en el bar Green habia muchos pibes. Pero en ese pool habia sólo uno que era El Pibe.

Era petizo y usaba una campera negra con capucha, que cuando jugaba ajustaba a la altura de los ojos, bien apretada, como preparando para enfrentar las altas cumbres. Usaba el taco negro, que estaba igual de chueco que casi todos pero aún tenia la punta sana. El Pibe jugaba a ganar, y los demás pagabamos fichas para que lo hiciera. No se las regalabamos, las perdiamos contra él, disfrutando por vez única la derrota.

Yo no tenía jueguitos electrónicos, el cable todavía no pasaba partidos de billar entre chinas y texanas, o estaba demasiado ocupado haciendo láminas y descargando hormonas, pero tenia la convicción de que lo que hacia ese Pibe con un taco arqueado en esa mesa de paño verde gastado, no lo podía hacer nadie en el mundo. Era la expresión máxima del minimalismo; la belleza de la mecánica clásica por fin entendida, cabal y unívocamente en un tugurio infame; la satisfacción de saber que habia al menos un ser en este mundo que obtenia siempre lo que queria. Allá la quería poner. Pic. Ahí la ponía. Sutil.

Ayer, en otro verde, con una bochita algo más grande y una pierna casi igual de chueca que el taco del pibe aquel, Javier Mascherano hizo un gol que valió 10 fichas y 3 cervezas, la apuesta máxima que escuchóse alguna vez el bar Green. Allá la quizo poner. Pic. Allá la puso. Mágico.


(Nota para mis amigos con aspiraciones políglotas: el relato no es en guaraní. Sí. Estoy seguro. )

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