Todo comenzó en Buenos Aires. Acostumbrado a llevar en un puño el poder en el fútbol argentino, Julio Humberto Grondona habría ingresado en el vestuario del Monumental tras el empate con Ecuador. Con su estilo campechano, le habría sugerido a Messi: “Este equipo es tuyo”. Las palabras retumbaron en el silencio de un camarín de rostros apenados por una actuación deslucida. A un lado, Riquelme escuchó al presidente de la AFA, pero no dijo nada. Todos habían oído la sentencia de Don Julio.

Algunas fuentes juran que el conflicto se desató antes del partido del domingo último. Dan precisiones: el jueves. Ese día, en plena concentración en el predio de Ezeiza, Messi habría caído en un pozo de angustia por los destratos que habría acusado recibir del jugador de Boca. “No aguanto más a Riquelme”, habría suspirado, casi al borde de la exasperación.

A partir de entonces, surge la figura de Juan Sebastián Verón, que no se encuentra en esta ciudad, pero cuya voz se escuchó desde Buenos Aires. Enterado de los cortocircuitos, el volante de Estudiantes intentó ser el nexo entre Messi y Riquelme durante el encuentro con Ecuador. Aprovechó cada pelota detenida para hablar con ambos en el afán de encontrar la sintonía de juego necesaria para superar al rival. Jamás lo logró.